Poemas de Amor, Romanticos, de Amistad, Cortos

La hierba es larga

Poema: La hierba es larga de Delfina Acosta

a: Nila López

Voy caminando. Van mis plantas sobre
el pasto con cristales de violetas.

Yo sé que no soy libre, que la culpa
de algún delito infame me condena.
Está en los viejos libros esa ley
por mí quebrada de peor manera.
Procuro, mientras tanto, no saber
sino lo que a los otros fue a ocurrir:
el homicidio y el suicidio al alba,
la sangre de este mundo en su escurrir.
Jamás fui tan feliz así penando.
El hombre y su razón me hacen reír.

Apuros ¿para qué? La hierba es larga
y el paso se hace oveja bajo el sol.
Mañana es otro día y a horas altas
apaga y prende el cielo un nuevo Dios.

Las bodas con Jesús

Poema: Las bodas con Jesús de Delfina Acosta

¿Faltar a mi deber? Jamás, amado,
pues si te fuera infiel ¿con cuál marido
tendría yo las bodas más hermosas,
que no sean ésas que pasé contigo?
He puesto petición en boca mía,
y tú con pronto sí me has respondido
aquella noche en que cayó el sereno
y había un cielo, y un primer rocío.

Fue desde entonces nuestro amor la casa
donde jamás llegó a nacer un hijo,
ni mundo pasajero techo halló,
aunque la mala gente a vernos vino.
Si bella todavía me encontraran
es porque en buena tú me has convertido.

Queriéndonos la vida es dulce día.
Amándonos la muerte es lar divino.

La gacela enamorada

Poema: La gacela enamorada de Delfina Acosta

A mi cazador

Soy la gacela enamorada ¡Dios!
de mi nocturno cazador que viene
al bosque con las ansias de mis astas,
mis ancas, mis rodillas y mis hombros.
Si están los cielos vistos, si los astros
asoman su hermosura de universo,
si el cierzo va soltando ya a las aves
y mi nocturno cazador no llega,
los ojos se me vuelven aguas mustias.
Yo advierto aquella fuerza de su lanza,
su afán sin pausa alguna de mi carne,
su prisa por volcarme sobre el suelo,
por malherir mi vientre y voy a prisa
a aquel encuentro con mi propia suerte.
Me ofrezco a su lanzazo. Yo le pido
que me abra entera a la caliente muerte.

Poema a mis esposos

Poema: Poema a mis esposos de Delfina Acosta

Ay, mis esposos, todos mis esposos
se fueron a la mar, ayer, mañana.
Guardé sus blancas ropas, la fortuna
de pobres con que hicimos las moradas.
Viuda me quedé. Vestí de luto
y fui por pueblo esquivo saludada.
Un perro, la comida justa, un lecho,
es todo cuanto tengo por cordura,
porque al romperse el viento de la noche,
los búhos al rezar, y andar la lluvia,
qué loca voy diciendo por las calles
verdades, si vestida, mal desnuda.

La espina ¿para qué? ¿Por qué la rosa?
Amor y desamor no dan descanso.
Pasar por esta vida y a esta hora,
se paga con hastío, si no espanto.

Las leyes

Poema: Las leyes de Delfina Acosta

Culpable soy. Si solamente atiendo
a mi engañoso antojo que no mira,
ni ve, ni oye, de las culpas libre
estoy. Yo me aconsejo con la prisa
de quien tan sólo divertirse quiere.
De tantos sitios salgo con la risa
horrible de sentirme sana y bella.

Mas hoy subí los muros de la vida
y vi que soy culpable de las faltas
que no se curan. Me encontré vestida
con piojos, sarna y pulgas de las necias.

Perdón, te pido Dios. Si tú me citas,
las aguas de mi río irán en paz
al mar donde se ahogan las malditas
mujeres que las leyes no obedecen.

Yo soy culpable Dios de ser yo misma.