Poema a mis esposos

Poema: Poema a mis esposos de Delfina Acosta

Ay, mis esposos, todos mis esposos
se fueron a la mar, ayer, mañana.
Guardé sus blancas ropas, la fortuna
de pobres con que hicimos las moradas.
Viuda me quedé. Vestí de luto
y fui por pueblo esquivo saludada.
Un perro, la comida justa, un lecho,
es todo cuanto tengo por cordura,
porque al romperse el viento de la noche,
los búhos al rezar, y andar la lluvia,
qué loca voy diciendo por las calles
verdades, si vestida, mal desnuda.

La espina ¿para qué? ¿Por qué la rosa?
Amor y desamor no dan descanso.
Pasar por esta vida y a esta hora,
se paga con hastío, si no espanto.

Las leyes

Poema: Las leyes de Delfina Acosta

Culpable soy. Si solamente atiendo
a mi engañoso antojo que no mira,
ni ve, ni oye, de las culpas libre
estoy. Yo me aconsejo con la prisa
de quien tan sólo divertirse quiere.
De tantos sitios salgo con la risa
horrible de sentirme sana y bella.

Mas hoy subí los muros de la vida
y vi que soy culpable de las faltas
que no se curan. Me encontré vestida
con piojos, sarna y pulgas de las necias.

Perdón, te pido Dios. Si tú me citas,
las aguas de mi río irán en paz
al mar donde se ahogan las malditas
mujeres que las leyes no obedecen.

Yo soy culpable Dios de ser yo misma.

Sueños

Poema: Sueños de Delfina Acosta

Te rezo Jesús mío en largas tardes
estando florecidas las estrellas.
Y cuando a ti te rezo, vela en mano,
el fósforo se apaga en su pureza,
se enfrían como cierzos mis costillas,
y la mirada se me vuelve tierra.
“Amén”, me oigo decir y ya el silencio
me envuelve como carta nunca abierta.
Jesús, el de la cruz, que das la espina,
el de la luz, que mueves a la piedra,
a ti te pido en esta enferma hora
para mis sueños mariposas nuevas.
Señor, mi redentor, mi bienamado,
yo sé en mi petición quedarme quieta
y va mi voz a ti como al aljibe.

¿Mas qué piedad es ésta, de aguas secas?

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